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A día de hoy es sabido que, el uso del castigo cuando un niño hace algo mal, no siempre ayuda a mejorar la conducta. Los padres queremos que aprendan de lo que ha sucedido, pero sancionando, no siempre ocurre.

Es por ello que cada día más familias usan las consecuencias educativas para que sus hijos desarrollen autocontrol en relación a sus conductas. Si pinta la pared, tendrá que limpiarla. Se parte de la base que el otro es un ser igualitario, con capacidad de reflexión, arrepentimiento y reparación. El problema está en que en ocasiones cometemos errores al intentar llevarlas a cabo, causando en algunos momentos, el resultado opuesto al que esperábamos. Te contamos qué errores cometemos en cuanto a las consecuencias educativas frente a castigos en los niños.

Los errores más comunes al aplicar consecuencias educativas frente a castigos en nuestro hijo

¿Cuáles son los errores más comunes al intentar corregir la conducta de nuestro hijo a través de las consecuencias educativas?

1. La forma en la que nos dirigimos a ellos. Imponerle de mala manera que hagan algo en consecuencia a su conducta, provoca en ocasiones que los niños se rebelen más, negándose a hacerlo y entrando finalmente en un conflicto mayor. Es por ello que hay que ser paciente y explicar en un tono natural lo que ha de hacer. Podemos ayudarle a iniciar su tarea para que vea cómo se hace y progresivamente dejarles solos.

2. A veces no somos claros a la hora de indicar cuales son las normas y cuales las consecuencias. Hemos de ser cuidadosos para no confundir a nuestros hijos y que haya estabilidad en nuestra manera de actuar.

3. Postergamos la consecuencia y olvidamos que tiene que estar relacionada con la conducta realizada. Si dejamos pasar la conducta y ponemos la consecuencia más tarde, perderá eficacia.

4. Tendemos a decir cosas exageradas que sabemos que no cumpliremos. Ya no vas a ver la tele nunca más, o no vuelvo a jugar contigo. Hemos de ser cuidadosos y pensar antes de hablar para no ser nosotros mismos los que nos quitemos autoridad.

5. Olvidamos que somos los ejemplos de nuestros hijos. No queremos que nuestros hijos griten, pero nosotros les gritamos constantemente. Queremos que nos escuchen, pero muchas veces ellos nos llaman y si estamos enfrascados en una tarea, tardamos en contestar. Hemos de pensar en nuestra propia conducta porque una parte muy importante del aprendizaje en la infancia, está basado en la imitación.

Hay momentos, en los que no tenemos la convicción suficiente para llevar a cabo la consecuencia, o no somos lo suficientemente firmes para que nuestros hijos entiendan la importancia de asumir sus equivocaciones. Es por ello que tenemos que pensar en el valor que tiene nuestra forma de actuar a largo plazo, y nos quedarnos tan sólo en el momento presente. Es fundamental darnos cuenta que la educación de nuestros hijos se va construyendo en las pequeñas decisiones que tomamos cada día.

Esta forma de educar implica más tiempo y más paciencia, pero se gana autoridad. Si respetas a tus hijos, ellos te respetarán a ti. Realizar cosas a la fuerza o ejercer nuestra situación de poder, tan sólo genera malestar en los demás y hay poca capacidad de aprendizaje cuando nos sentimos así.

Por ello, lo importante es focalizarnos en la conducta y no descalificar a nuestros hijos, evitando así dañar su autoconcepto y haciéndoles llegar nuestro amor aunque se hayan equivocado.