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Enseña a tu hijo a no discriminar y a respetar las diferencias

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Piel blanca o negra, pelo lacio o rizado, feo o guapo... ¿qué más dá cómo sea nuestra apariencia? Tengamos por hecho de que todos somos diferentes en muchos aspectos e iguales en otros. Y que todos somos importantes, ni mejor ni peor, ni más ni menos. Ese es el mensaje que siempre he buscado pasar a mi hija desde que era muy pequeña. Que no importa el color o la nacionalidad que tenga una persona, y sí sus buenas virtudes y actitudes, porque creo que los niños no nacen racistas, quién los hace así son las personas que conviven con ellos.

No discriminar y respetar las diferencias. Enseñanza para los niños

El ser distinto en nuestra apariencia y en nuestro idioma nunca nos supuso un problema, es más, lo vemos como una riqueza, porque así nos hemos educado.

Sin embargo, eso no siempre ocurre. Hay gente que no tolera ni acepta lo diferente. Los niños, cuando son muy pequeños, solo se identifican como varones o hembras, no son capaces de categorizar a alguien por su raza, pero a medida que van creciendo y observando las reacciones de sus padres, maestros, amigos..., pueden o no mirar con ojos de discriminación a los que son diferentes. Por ello, me parece importantísimo que hablemos de las razas con nuestros hijos, con naturalidad, para evitar la discriminación racial.

A continuación te dejamos algunas respuestas que puedes dar a tu hijo según lo que él te pregunte:

 ¿Por qué esta niña tiene otro color de piel?


‘Todos tenemos un color de piel diferente. Unas más claras, otras más oscuras.’ Puedes dar ejemplos como: ‘nuestra piel es como las plumas de los pájaros o las alas de las mariposas. Aunque sean el mismo animal o insecto, no existe una mariposa que tenga el mismo diseño y color de alas que la otra. Y las nubes, lo bonito es que sean diferentes. ¿verdad?’.

¿Por qué mi pelo es lacio y el tuyo es rizado?
Dile a tu hijo que no todos somos iguales físicamente aunque seamos mamás e hijos. Señala que en las familias, no tiene porque una hija parecerse a su padre o a su madre. No siempre es así.

Y si tu hijo, alguna vez, llegue a casa haciendo algún comentario racista, o llegue a etiquetar al otro como ‘la niña negra’’, ’el niño chino’ o ‘el niño rubio’, corrígele diciendo que hay que llamar a las personas por su nombre, no por su color de piel o por la apariencia que tengan. Y un consejo: procura que tu hijo juegue con niños de diferentes razas, de distinto idioma o condición social. No hay nada como la práctica para derribar tabúes y prejuicios.