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Niños que se levantan sonámbulos

ninocaminadormidoEl 10% de los niños de entre cuatro y seis años tienen algún episodio de sonambulismo. Pero no hay por qué asustarse. Salvo raras excepciones, este trastorno remite con el tiempo y desaparece antes de la adolescencia.

Algunos niños, sobre todo durante las tres o cuatro primeras horas de sueño, se levantan dormidos por la noche para hacer pis (curiosamente, casi nunca en el orinal), vestirse, agarran su mochila para ir a la escuela... Sus actos constituyen una imitación inconsciente de las conductas realizadas durante el día.

A veces se despiertan sobresaltados nada más salir de la cama, otras vuelven a acostarse sin enterarse de nada y a menudo continúan durmiendo plácidamente en cualquier otro lugar. Suelen ser episodios aislados, aunque hay casos en los que se repiten con cierta frecuencia (dos o tres veces a la semana).

Generalmente es un trastorno de sueño hereditario (aunque aún no se ha identificado el gen responsable), pero también puede estar asociado a situaciones ambientales de estrés, fatiga, nerviosismo, ansiedad, fiebre...

En qué consiste

El sonambulismo consiste en andar dormido y parecer despierto. El sonámbulo tiene un gesto inexpresivo y los ojos abiertos, pero su visión no es completa; no procesa correctamente las impresiones sensoriales. Lo habitual es que se limite a sentarse en la cama y empezar a hablar de forma confusa e incomprensible, pero también puede caminar, abrir puertas, vaciar cajones e incluso salir de casa sin darse cuenta.

Normalmente estos episodios son breves, de pocos minutos, pero otras veces pueden prolongarse hasta media hora. Un sonámbulo no es consciente de su conducta, es un autómata. Si intentamos mantener una conversación con él, sólo obtendremos frases inconexas y susurros. Curiosamente, suele aceptar sin problemas la orden de que vuelva a la cama.

Según numerosos estudios, los episodios de sonambulismo son más frecuentes entre los cuatro y los seis años que en cualquier otra edad, y aunque aún no se sabe por qué, se dan con más asiduidad en los niños que en las niñas. Es un trastorno benigno y, salvo casos contados, en los que conviene consultar con un especialista en sueño, desaparece por completo antes de la adolescencia.

La experiencia clínica demuestra que cuando se despierta a un sonámbulo, se siente asustado, confuso y desorientado. Por eso, para ahorrarle estas sensaciones tan desagradables, lo mejor es conducirle a la cama y esperar hasta la mañana siguiente.

Medidas adecuadas

Para ayudar a un niño a combatir el sonambulismo conviene preguntar a su pediatra si considera oportuno recetarle un tranquilizante suave, que le facilite un sueño más reposado y reparador. Además, los padres deben inculcarle buenos hábitos de sueño nocturno y de descanso a lo largo del día, para evitar que llegue a la cama extenuado.

Es importante que por la mañana le cuenten lo que le ha pasado con tranquilidad y en un tono de voz normal, para que ni se asuste ni se sienta culpable. En un principio, él vivenciará “sus andanzas” como un sueño, pero poco a poco estas conversaciones le ayudarán a hacer consciente lo inconsciente, y una vez que esto suceda, le será más fácil controlar sus episodios de sonambulismo.

Hablar con él sobre su alteración también ayudará a los padres a encontrar la clave para solucionarla. Puede que su sonambulismo sea una llamada de atención inconsciente para avisar de que le pasa algo (tal vez no se sienta bien en clase, quizá se haya enfadado con su mejor amigo...).

Para que no se haga daño, es imprescindible ubicar su habitación en un lugar seguro, donde no pueda acceder a escaleras ni ventanas (no puede dormir en literas), despejar el suelo de juguetes, alfombras y cables con los que pueda tropezarse, cerrar la puerta de la calle con llave... Conviene que los padres lo hagan con él como si fuera un juego, esto le ayudará a tomar conciencia de su problema y le ayudará a combatirlo.