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Mitos sobre los primeros pasos del bebé

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La información acerca de cómo educar y cuidar a nuestros hijos en gran parte viene escrita en nuestros genes, y otra parte es aprendizaje.

Hoy en día, con un montón de medios de comunicación a nuestro alcance, incluso un exceso de información, nos hace dudar ante tanta variedad y podemos refugiarnos en creer que lo mejor es lo que se ha hecho siempre, lo de toda la vida, el boca a boca....”Si lo dicen será porque es verdad”. Queremos desmontar algunos mitos sobre todo aquellos que tienen que ver con los primeros pasos de nuestros hijos, con las primeras fases de su marcha. Aquí encontrarás hasta 5 mitos sobre los primeros pasos del bebé.

5 mitos sobre los primeros pasos del bebé

1. “Si tu hijo no anda al año puede tener algún problema de psicomotricidad”.

Los niños empiezan a caminar entre los 1 y 3 años. Cada niño tiene su ritmo de aprendizaje; es verdad que influyen ciertos factores como el tener hermanos, la habilidad innata, su talla y peso, su carácter, el ambiente y la estimulación sin forzar.

Niños grandes, pequeños, altos y bajos tienen que desarrollar su propio equilibrio y su anatomía puede propiciar que el tiempo que se toman sea diferente. Pero no debes preocuparte si en las revisiones podológicas del niño todo va bien.

Simplemente vigilar este proceso si es demasiado lento, (lo normal es que a los 2 años ya anden) y si es así, hacerle una revisión para descartar cualquier trastorno.

Nuestra recomendación es que os sintáis tranquilos si pasa el año y no da sus primeros pasos. Nunca forcéis a dar pasitos cogiendo de una de sus manos o de las dos hacia arriba para andar, puede causarle problemas en las articulaciones y en la osificación del pie y pierna.

2. “No es bueno que gatee porque entonces no querrá andar nunca”.

El gateo es una fase importante en el proceso del desarrollo psicomotor del niño. Como lo anterior, hay niños que no gatean y hay niños que en exceso. Este exceso porque el niño tenga confianza en su gateo no se debe cohibir, al contrario.

En principio hay que estimularlo jugando con él en el suelo, poniendo juguetes para que los alcance y dejando que esta fase termine cuando ya esté preparado para dar sus primeros pasos.

El gateo tiene muchas características beneficiosas, entre ellas, avances a nivel de coordinación, neurológicos, visuales, percepción del niño de su propio cuerpo y ayuda a adaptarse al mundo que le rodea.

Si tu hijo ha gateado y comienza a andar, pero por falta de confianza vuelve al gateo, considéralo normal y beneficioso, ya que completará su maduración psicomotriz, y cuando llegue el momento volverá a ponerse de pie.

Te recomendamos que propicies el gateo con espacios limpios y sin obstáculos, que tenga a su alcance sus juguetes favoritos y evitando la estancia de muchas horas en el “parquecito”.

3. “El niño empezó a andar, pero se cayó y se dio tal susto que ya no anda”.

Lo primero es que hay que descartar que la caída le haya ocasionado algún daño.

En esas edades no expresan en ocasiones el dolor. Observa si usa menos algún miembro, si su movilidad es reducida, si acusa dolor a la presión en alguna parte de su cuerpo, además si ha cambiado su carácter. Cerciórate, y si notas algo extraño consulta con el pediatra y si la caída ha afectado al miembro inferior consulta al podólogo.

En el caso de que confirmes que solo fue el susto, motívale sin presión porque una vez que sienta otra vez confianza volverá a andar. Debe tomar su tiempo hasta que retorne la confianza.

4. “Tropezando y cayendo, a andar va el niño aprendiendo”.

Este refrán en parte es verdad pero no podemos tomarlo al pie de la letra. En el aprendizaje de la marcha influyen muchos parámetros fisiológicos, neuronales y sensoriales; naturalmente el niño caerá y tropezará hasta que su marcha sea estable. Está aprendiendo coordinación, adaptación a su nueva postura, necesita un tiempo. Observa si progresa aunque sea despacio; las caídas y tropezones deben ir disminuyendo gradualmente y hasta los 8 o 12 meses después de empezar a caminar se consideran normales las caídas frecuentes.

Si reconoces que en alguna capacidad no avanza o las caídas aumentan en vez de disminuir, consulta a su especialista.

Además, valora siempre la caída, si ha producido daño, y sobre todo ante cualquier golpe en la cabeza; tendrás que observarlo durante 24h, y ante un signo anormal, se debe acudir a su médico inmediatamente.

No expreses delante del niño tu disgusto cuando se caiga y se haga daño, ni le alarmes; confórtale y pregunta con cariño si le duele en algún sitio, y si está bien, anímale y mantén la calma. Es un momento de inseguridad o de miedo para el niño, observará tu capacidad de afrontar el problema y actuando de manera correcta le estarás ayudando en su desarrollo.

Recuerda asimismo que el calzado es un elemento fundamental en la marcha, una suela resbaladiza con un pavimento liso puede favorecer las caídas.

5. “Tiene los andares de su padre/madre”.

No podemos excluir la herencia genética en la forma de empezar a caminar, su cuerpo será en muchas partes muy parecido al de sus progenitores.

El tiempo que tardará en caminar, si gatea, sus posturas pueden ser heredadas. En cierto modo es una información muy valiosa que nos da muchas pistas para proteger la salud del niño.

No obstante, el patrón de marcha en el niño es adquirido y no heredado, por lo que en la mayoría de los casos el que se parezca a sus progenitores a la hora de andar no exime que pueda instaurarse cierta patología en los miembros inferiores.

Consulta con tu podólogo cualquier tipo de duda acerca de los pies de tu hijo y coméntale tu preocupación sobre alguna patología que consideras que pueda heredar. Su abordaje temprano hará que tu hijo no padezca de ello.